Cómo Formar en Valores

El Valor del Agradecimiento


Expresar gratitud es más que ser cortés, mostrar buenos modales o ser amable. Tiene que ver con mostrar tu agradecimiento más sincero.


Cuando das las gracias a una persona, también pones en práctica la primera de dos aptitudes que se relacionan con la gratitud: has tomado conciencia de algo bueno y lo has valorado verdaderamente.


Estar agradecido puede convertir lo que tienes en más que suficiente para ser feliz, al reconocer las cosas buenas que hay en tu vida. Ser feliz no siempre te hará agradecido, pero ser agradecido siempre te hará feliz.


La gratitud también fomenta el verdadero perdón, que te permite decir sinceramente “Gracias por esa experiencia”, así cualquier cosa que llegue a tu vida será una lección de vida importante. Los días buenos te dan felicidad y los días malos te dan lecciones. Ambos son necesarios. Todas las cosas han hecho que avances, debes incluirlas a todas en tu gratitud. Y esto es especialmente cierto en las relaciones, todas las personas que pasan por tu vida, si les das la oportunidad, tienen algo que enseñarte.





Dar las gracias es la mejor forma de orar. En lugar de orar pidiendo cosas, da gracias por lo que ya tienes. La mayor gratitud no se queda simplemente en pronunciar palabras, hay que vivir en base a ellas todos los días. Lo más importante no es lo que dices, es cómo lo vives.


En el ajetreo de nuestra vida apenas nos damos cuenta que recibimos mucho más de lo que damos, y la vida no puede ser plena sin esa gratitud. Es tan fácil sobreestimar nuestros esfuerzos en comparación con lo que debemos a la ayuda de los demás.


Y, por último, el mayor homenaje a las personas que has perdido no es el dolor, es la gratitud. Sólo porque algo no durara para siempre no significa que no fuera un regalo increíble. Hay que estar agradecido de que sus caminos se juntaran y tuvieran la oportunidad de experimentar algo maravilloso.






¿Cómo enseñar a ser agradecido?


1. Dar ejemplo. Sí, DAR EJEMPLO. No puedes pedirles a tus hijos que den las gracias, si no te ven a ti hacerlo, es así de sencillo. La palabra “gracias” brota de los labios de un niño en forma espontánea si la escucha habitualmente.


2. Apreciar lo material y lo inmaterial. Enséñales que se puede agradecer por lo material y también por algún gesto que hayan tenido con ellos. Gracias por tenderme la mano, por dejarme pasar, por llamarme, por haberme preparado el desayuno, la comida o la cena.


3. Reflexionar y agradecer. A la hora de la cena o en el auto camino a casa, charla con los niños y pregúntales cuál ha sido el momento del día por lo que más le gustaría agradecer, o pensar en tres cosas que podrían agradecer de ese día.


4. Sentir el agradecimiento. Dar responsabilidades a los niños como recoger sus juguetes o ayudarte a poner la mesa, para que luego ellos se sientan valorados cuando les des las gracias.


5. Ser buenos hermanos. También requiere una gran dosis de gratitud. Enseñémosles a hacerse favores entre ellos, a no reclamar cada vez que uno pide algo.


6. Aprender a apreciar. Los seres humanos agradecemos lo que apreciamos y por eso es importante mostrar a los niños cosas dignar de apreciar: la naturaleza con sus animales y su vegetación; la cultura, a través de la música y el arte; los afectos, de la familia y los amigos.


7. También se agradece lo que es fruto del esfuerzo. No es bueno criar a los niños en total abundancia de juguetes y cosas materiales. Así es imposible que sueñen con algo. Desde chicos podemos enseñarles a ahorrar para algo, por ejemplo, ayudarnos a depositar monedas en una alcancía para ir a tomar helados el fin de semana. Es un gesto muy simple, pero sirve para estimular la paciencia, el paso a paso hacia una meta y a darle valor al dinero.


8. También a medida que crecen podemos transmitirles la cultura del cuidado. Aprender a cuidar las cosas que tenemos en casa es parte importante de la gratitud. Una persona que no valora los objetos materiales y tampoco a los seres que lo rodean, pasa de la ingratitud a un individualismo que la termina dañando.


En la adolescencia:


9. Es una etapa en que ya los hijos pueden conocer el precio de las cosas: cuánto cuesta la luz, el agua, el gas y la comida. Si logramos que además lo asocien con horas de trabajo, necesariamente debieran manifestar actitudes de cuidado y gratitud familiar. No se trata de hacerlos sentir culpables o en deuda con los padres, pero sí de que expresen gratitud a través del afecto que es el verdadero trasfondo de este valor.


10. También en esta etapa es bueno tener una “jerarquía de la gratitud”. Mucho más importante es agradecer por la familia que por los bienes, por el tiempo juntos que por el estatus. Esto implica necesariamente dar el ejemplo y dedicarles tiempo a los hijos, para estar y conversar con ellos. Los papás pueden dar ejemplo de conocer la “jerarquía de la gratitud” sabiendo expresar afecto a los abuelos y mayores de la familia. Eso significa incorporarlos a la vida familiar, no referirse a ellos como un problema o una obligación, y demostrar cuánto les debemos porque nos dieron la vida y los cuidados que necesitábamos cuando pequeños.


11. Hay muchos ritos familiares que son “fiestas de gratitud”: cumpleaños, aniversarios, Navidad, Año Nuevo, los que pueden adquirir un nuevo significado si sabemos unirlo al agradecimiento.


12. Rituales de agradecimiento. Algunas personas dan las gracias antes de una comida. Hacer una pausa para dar las gracias antes de comer es un hábito sencillo que nos ayuda a tomar conciencia del privilegio que significa tener comida sobre la mesa y valorarlo, independientemente del sentido religioso que los católicos damos a agradecer a Dios que nos permitió tener algo que comer.






“Ser feliz no siempre te hará agradecido, pero ser agradecido siempre te hará feliz.”

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