¿Por qué si a la Educación Diferenciada?

Actualizado: 9 de jul de 2019

EDUCACIÓN DIFERENCIADA Extracto de la entrevista hecha a la Dra. María Calvo Charro. Doctora y profesora titular de la Universidad Carlos III de Madrid.


La educación diferenciada garantiza en mayor medida la igualdad de oportunidades ya que atiende a las problemáticas propias y específicas de cada sexo.


La Dra. María Calvo Charro señala que la educación diferenciada es una opción no sólo razonable, sino más que deseable. Se trata de un sistema pedagógico moderno y progresista que atiende a la educación personalizada de los alumnos, sacando lo mejor de sí mismos, en cuanto hombre y mujer con sus peculiares características.


La educación diferenciada garantiza en mayor medida la igualdad de oportunidades ya que atiende a las problemáticas propias y específicas de cada sexo. La meta es la misma para ambos sexos: alcanzar el mayor desarrollo personal y el mejor rendimiento académico posible. Pero el camino para llegar a ella es diferente, ya que niños y niñas son diferentes. Por ejemplo, existen estadísticas que demuestran cómo las chicas acceden en mayor medida a carreras de ciencias (o tradicionalmente masculinas) cuando están solas. En los colegios sólo de chicos éstos elevan su nivel académico, entre otras cosas, porque se les respeta su ritmo cognitivo y de maduración, más lento que el de las niñas. Ignorar estas diferencias es injusto y supone un perjuicio evidente para los chicos. Por tanto, lo que dificulta la igualdad de oportunidades es precisamente la falta de respeto por las diferencias.




El varón madura más tarde que la niña de su misma edad, y le aventajan en destrezas verbales, maduración y responsabilidad. Esto puede dificultar la convivencia en el aula.


En esta materia, España camina en dirección diametralmente opuesta a la de países como Estados Unidos, Nueva Zelanda, Reino Unido, Francia, Alemania, Australia, Escocia o Suecia. Tras casi 30 años de educación mixta, se han dado cuenta de que las cifras de fracaso escolar (sobre todo masculino) han crecido mucho. Además, reconocen que la coeducación no ha traído la tan pretendida igualdad de oportunidades. Buscando soluciones a esta situación, sobre la base de estudios, estadísticas e investigaciones, han concluido que es necesario atender a la diferente forma de aprender de niños y niñas. Sin complejos, aceptando que son iguales en derechos, deberes, humanidad y dignidad, pero diferentes en su forma de aprender.


El problema más llamativo y preocupante es la pérdida de identidad de los varones. Son los niños los que salen perdiendo porque en las aulas mixtas se impone el "ideal femenino”. Es decir, el profesor exige a los niños que sean igual de ordenados, puntuales, quietos, delicados y obedientes que las niñas. Y esto no sirve para los chicos porque tienen otra forma de aprender. Su mayor activismo resulta fatigoso para el profesor que, al compararlos con las niñas, tiende a castigarlos en mayor medida por comportarse "como chicos”. Esta situación ha llevado en algunos casos a un fenómeno curioso, pero altamente preocupante: diagnosticar a muchos niños el trastorno de déficit de atención con hiperactividad, cuando en realidad su único problema es el de ser varones, activos, enérgicos, competitivos y muy movidos, en clases compartidas con niñas más pausadas, tranquilas y disciplinadas.





Con la Educación Diferenciada, estaremos comenzando a solucionar una de las causas del fracaso escolar. Pero no la única. Es decir, no podemos estigmatizar a la educación mixta como si fuese la única causante del fracaso escolar, porque hay otros factores que sin duda están contribuyendo a que se dé esta situación. Factores como la crisis de la familia; el desprestigio del esfuerzo personal; la falta de autoridad de los padres y profesores; la regla hoy tan extendida del "todo vale” que convierte al alumno en un ser indiferente y sin ilusión. 


La Educación Diferenciada ofrece un mayor rendimiento académico. Tenemos estadísticas, informes y estudios, que así lo reflejan. Por ejemplo, el informe PISA 2003, realizado para los países de la OCDE, demuestra que las calificaciones se elevan de forma considerable al separar a niños y niñas. Al elegir este tipo de colegios, los padres hacen una clara apuesta por lo académico. Es decir, asumen que estos centros no son lugares de socialización donde sus hijos van a encontrarse con el sexo opuesto para hacer amistades o tener romances. Por el contrario, son centros de alto rendimiento y exigencia, donde se da primacía a lo académico.


Un tema trascendental para un Centro Educativo es la felicidad con la que sus alumnos asistan a sus clases y en mucho depende de que éstos se sientan a gusto, relajados y tranquilos en su colegio. Cuando son pequeñas, el mayor activismo y movimiento de los niños las perturba.


Luego, en la época de la pubertad, el sentirse observadas de continuo por el sexo opuesto las distrae y hace que estén más pendientes de los demás que del desarrollo de su propia personalidad. En este sentido, cabe destacar un dato: las cifras de anorexia en los colegios mixtos son mucho más elevadas que en los diferenciados. A estas edades, las chicas trabajando codo con codo con un varón pueden sentirse muy vulnerables. En cuanto a los chicos, muchos se sienten frustrados cuando tienen que ir a la zaga, detrás del ritmo más precoz de las niñas.


Además, en colegios masculinos se liberan de los estereotipos y son más "ellos mismos”, sin que necesariamente se les tache de malos o hiperactivos por jugar y actuar como lo que son, varones.


Las diferencias son muchas y muy significativas. Pero, lo más importante y sorprendente, desde el punto de vista científico, es que son diferencias innatas. Es decir, no se deben a unos hábitos adquiridos a lo largo de nuestra vida o a unos roles histórico-culturales que nos hayan sido impuestos. Por el contrario, su origen se encuentra en las diferencias estructurales y funcionales entre el cerebro femenino y el masculino, existentes incluso antes de nacer.


Afirmar algo así habría sido considerado una aberración hace diez años, pero los avances de la neurociencia y de la técnica han permitido a los más prestigiosos científicos afirmar que se trata de una realidad empírica demostrada. Un ejemplo: el Instituto Nacional de Salud de Washington demostró recientemente que el cerebro femenino madura años antes que el masculino y que la región del cerebro que coordina la función lingüística es un 30% más pequeña en los hombres que en las mujeres, aunque tengan idéntico coeficiente intelectual. Ni más ni menos inteligentes, sencillamente diferentes. Estas diferencias cerebrales provocan no sólo que el ritmo de maduración de niños y niñas sea diferente, sino que además sean distintos en intereses; aficiones; gustos; juegos; forma de socializarse; de exteriorizar los sentimientos; reacciones ante idénticos estímulos. Todo ello hace que no se les pueda exigir o imponer la misma forma de enseñanza, ya que aprenden de forma diferente. Además, debemos sumar otra diferencia: el desarrollo muscular de los chicos provocado por la influencia de la testosterona.





Esto les hace mucho más proclives al movimiento. Son por lo tanto más inquietos y activos. Ni mejores, ni peores, tan sólo maravillosamente diferentes.


Ni más ni menos inteligentes, sencillamente diferentes.


El Instituto México de Puebla tiene a los niños y niñas en aulas separadas en el mismo edificio, y conviven en los tiempos fuera del aula, como son recreos, eventos, etc., lo que permite una igualdad de oportunidades real del alumnado, sin limitar sus capacidades ni condicionar las opciones de futuro de chicos y chicas. 





A la luz de sus beneficios, la educación diferenciada ha sido respaldada por los diferentes tratados internacionales de referencia en materia educativa y la legislación específica de diversos países de la OCDE, UNESCO. La UNESCO determina que no es discriminatorio "crear o mantener sistemas o establecimientos de enseñanza separados para los alumnos de sexo masculino y para los de sexo femenino” (Ar. 2 de la Convención relativa a la lucha contra las discriminaciones en la esfera de la enseñanza, 14 de diciembre de 1960, ratificada en 1999 por el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de la ONU).


Fuente: Asociación Latinoamericana de Educación Diferenciada (ALCED)

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